Desde hace un par de semanas, coincidencia o no, he tomado parte en más de una conversación en la que alguno de sus participantes parecían tener como principal objetivo el aclarar al resto lo exclusivo, aristocrático y acomodado de su origen social. Podría decirse que el cambio de gobierno ha provocado dicha corriente y que, del mismo modo que en Navidad el tonto camuflado manifiesta su carácter estulto encopetándose gorros con cuernos de reno y luces intermitentes, el tonto con pretensiones clasistas, se siente ahora, que esta soberbia social parece ser del gusto de la mayoría, con la suficiente soltura como para mostrar toda su batería de memeces.
En una de estas conversaciones, a un tipo de aspecto desagradable y hediondo, cuyo mérito más destacado posiblemente sea el de haber nacido en una familia de tradición nobiliaria, cuando se le adoba con un comentario como: “Tú que te codeas con la clase alta…” Se enerva como si se le hubiese escupido en la cara y en un tono de arrogancia, que su condición de ebrio por ocupación sólo había dejado sospechar, aclara: “Yo no me codeo con la clase alta, yo soy la clase alta…”
Otro tipo, hablando de aficiones deportivas –cuando se trata este asunto con algún sujeto de buena familia, estas aficiones son casi siempre de riesgo y motorizadas-, decía: “Yo, si tuviese dinero… Bueno, si tuviese mucho más dinero del que tengo, que no es poco… Me alquilaría un helicóptero para ver Madrid desde las alturas” Es de esperar que el tonto adinerado este viaje no lo hiciese con todo el dinero que dice tener a cuestas, no fuese a despeñarse del peso…
Y luego está la joven, educada también al calor de algún buen brasero cristiano, que ante el anuncio de otra de las contertulias, de clase social presumiblemente inferior, de un próximo viaje a Extremo Oriente sin mucho presupuesto; incesantemente repite: “¡Uf! Yo ese plan no podría… Yo soy muy pija… ¡Uf! Yo ese plan no podría… Yo soy muy pija…” Así, una decena de veces, hasta que se convence de que a todos los presentes les ha quedado claro que sus hábitos no son los de una persona de clase media…
Tontos clasistas no hace falta ser muy listo para saber que son perpetuos, ahora bien, durante los próximos cuatro años, creer que sus aires de soberbia y vacuidad no van a ventosearnos con una frecuencia mayor a la habitual, es de tontos también.